Cómo producir un cortometraje sin saber producir cortometrajes (4 de 4) – Postproduciendo

Fase 5. La postproducción

Y por fin vamos con la que es probablemente la parte menos conocida, más difícil de pronunciar y más crucial en la producción de un (corto)metraje…y que incide de manera profunda en el producto final. Uno pensaba que una vez superadas las alegrías y penas de la preparación del guión y localización, de la preparación del rodaje y del rodaje en sí ya “solo” faltaba juntarlo todo tal y como había sido concebido, meterle cuatro sonidos y pim pam. Nada más diametralmente contrario a la aterradora realidad.


Uno de nuestros operariosDioses sobre la Tierra trabajando a dos ordenadores. Obsérvese cómo hemos retirado prudentemente de la habitación todo objeto cortante o contundente para evitar daños en el equipo


Antes que nada, se debe aclarar que nuestra modesta experiencia ha sido particularmente difícil debido a la (inicialmente, ahora son unos fieras) limitada experiencia del equipo en esas artes. También debe aclararse que quien suscribe sigue sin tener ni idea sobre el tema y era uno de los que jaleaba desde la barrera. Pero, aunque fuera desde lejos, yo he visto cosas al respecto en suficiente cantidad como para contároslo hoy…Y también se debe decir que muchas producciones aficionadas (y también profesionales, ojo) mueren en esta fase, al darse cuenta de lo complejo del proceso, comprobar que mucho de lo rodado no vale y ya no hay dinero ni energías para arreglarlo o volverlo a rodar.

El montaje (ese galardón que dan a completos desconocidos en las fases más oscuras de las ceremonias de entregas de premios de cine) consiste en ordenar tal y como están previstos en el guión los archivos de video correspondientes a las tomas buenas de cada escena, asociarlas con su pista de audio (que pudo ser grabada en el momento, o añadirse a posteriori), insertar si es necesario otra pista de música y enchufar al principio y al final los títulos de crédito. El truco está en que hay muchísimas maneras de hacer esto, y según la habilidad y capacidad del montador el resultado puede variar muchísimo, pudiendo llegar a aniquilar una buena historia muy bien rodada o a dar una dignísima salida a un metraje justito. También hacer una foto es sencillo; lo difícil es hacerla bien. El montador da el ritmo, define el color, ambienta con el sonido e incluso puede reorganizar escenas, cambiando la manera en que la historia llega al espectador, por lo que el director (y/o el productor) participan y supervisan el proceso.


Así desde fuera el Infierno no parece tan hostil, ¿no?

Sí, hacer un buen montaje es muy difícil. Además de las novatadas propias de utilizar programas muy complejos hay dificultades intrínsecas. Por ejemplo, los diálogos se suelen rodar varias veces desde diferentes ángulos, y después en la pantalla vemos cómo se van alternando los primeros planos de los dos interlocutores. En este caso, el montador debe ir haciendo un puzle con dos archivos de video, prestando tremenda atención a cualquier movimiento espontáneo e imprevisto de un intérprete (tocarse el pelo, mover una mano, etc) para que, al empalmar las escenas, no haya elementos que aparecen o desaparecen súbitamente, recurriendo si es necesario a hacer empalmes con partes de tomas inicialmente descartadas. También hay escenas (por ejemplo, las persecuciones) formadas por muchos minutos de rodaje, grabados a chorro (a no ser que dispongas de un circuito cerrado al tráfico) y luego buscando, recortando y empalmando trocitos de 2-3 segundos que tengan coherencia entre sí y en conjunto.

Otra cosa de hace el montador es dar el color. Volviendo al símil fotográfico, el retoque de una foto (contraste, brillo, temperatura del color...) puede tener su complicación, pero en video hay que añadir otros problemas como son los cambios de luz y de ubicación de los elementos según transcurre la escena… Añadir el sonido también tiene trampa, ya que cuando se superponen pistas (por ejemplo, un diálogo, un ruido de fondo y música) hay que jugar con los volúmenes de la mezcla. Elegir la música adecuada para cada escena también es una tarea titánica y puede hacer que una escena mítica quede arruinada…


Cuando por fin la obra está montada, y después de haber visto cada escena cientos de veces, el sufrido montador muestra su obra al salivante resto del equipo, que procede a despellejarlohacer aportaciones constructivas sobre todos los detalles imaginables. Todos hemos invertido muchísimas horas en este punto y somos conscientes de que al final lo único que quedará son los pocos minutos que verán la luz… También se aprovechan estos visionados para mortificar a sufridos testigos que tienen la dolorosa misión de ejercer de portavoz del ciudadano medio y digerir un producto a medio cocinar, seguido de una batería de entusiastas preguntas con las que nos intentamos cerciorar de si se ha entendido todo, algo o no. Gracias a esos héroes anónimos.


El montador vuelve a su guarida y, tras mucha iteración, conseguimos la versión lista-para-visionado-por-críticos. Estamos inmensamente agradecidos a uno y a otro, pese a que (o gracias a que) nos llegan a hacer replantearnos qué historia queremos contar y cómo, así como explorar otras posibles aficiones en las que ocupar mejor nuestro tiempo.

Dejamos varias semanas de reposo mental en las que no volvemos a ver ninguna escena. A la vuelta compartimos ideas...qué podemos hacer de lo que nos han propuesto y qué no, qué queremos hacer y qué no. Arreglos, cosas a eliminar, pequeños detalles y modificaciones salvajes, cortar más escenas, ¿rodamos una nueva escena de cinco segundos?, desorganizar otras, métele una voz en off, corta eso también…

Y en este proceso aprendemos las dos Grandes Lecciones del cortometrajista novato: (i) un error aniquila (casi) todos los aciertos, por lo que una escena que reste puntos al conjunto debe ser eliminada y (ii) un minuto de vida del potencial público es valiosísimo: hay que romperse la cabeza para poder explicar en una secuencia de tres segundos lo que requeriría un diálogo de veinte. Éste es un camino sin retorno, y desde entonces hemos comenzado a detectar muchos errores técnicos en anuncios, series, películas…queremos pensar que es una buena señal.


Y por fin un día nos damos cuenta de que el producto ha mejorado notablemente respecto a lo que hicimos unos meses atrás; aunque es parecido en lo general, hemos añadido matices, retocado detalles (también nos hemos pulido casi un tercio del metraje); no es perfecto ni lo será, pero es, por fin, nuestro corto. Y ya es también un poco vuestro. Se llama “Ensayo”, y lo podéis ver aquí (mejor en pantalla grande y altavoces decentes, no me seáis!):





El observador


El enlace:

El lector avispado se habrá percatado de un cambio en el estilo respecto a los artículos previos…y es que he pasado de hablar del equipo en tercera persona del plural a primera del plural. Sí, como resultado de esta modesta pero exigente producción hemos decidido, con varios de los participantes, seguir mirando el cine desde ambos lados de las cámaras, para lo cual hemos montado una productora con gran ilusión, con la idea de seguir compartiendo nuestra pasión con quien nos quiera acompañar…ahí va eso:

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2 comentaris :

  1. Muy chulo, la verdad. Una pasada.

    Molan mucho las imágenes de dron por la carretera, la del baño que se va ampliando la imagen hasta que se ve el móvil. muy profesional, hasta los títulos de crédit son igual de largos, je,je

    A mejorar: el texto de ensayo he tenido que dar marcha aytrás para poder leerlo entero y la voz en off, no me ha gustado.

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  2. Muchas gracias por el comentario y las propuestas!

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